La felicidad

La felicidad

La felicidad es una elección personal. Al menos para mí lo es.

Durante años estuve esperando “algo más”: más dinero, más tiempo, un ascenso,  más guapa, más flaca, una casa más grande… nunca nada era suficiente, estaba metida en la vorágine de la búsqueda de la felicidad que nos inculcan desde niños, en la competitividad, en el afán de superación. En la sociedad en la que vivimos tenemos que triunfar, y ese triunfo (dicen) va ligado a aspectos económicos y materiales, pero ¿alguien nos pregunta si somos felices?

Me pasé años trabajando 60-70 horas semanales, siempre persiguiendo el próximo ascenso, acumulando méritos, luchando por sobresalir en un entorno de competitividad profesional, social, y de género. Descarté parejas porque no eran lo suficientemente perfectos, también me descartaron a mí por lo mismo. Antepuse el más y mejor a mi salud. Siempre más, más, más, nunca era suficiente.

Un día me pregunté a mí misma si era feliz y la respuesta fue NO. Tenía el trabajo que quería, disfrutaba haciéndolo, ganaba dinero, me sentía reconocida y valorada a nivel profesional y social. Pero había sacrificado tantas cosas para conseguirlo: horas de sueño,  tiempo con mi familia, tiempo con mis amigos, una pareja estable, tener hijos, viajar sin estar pendiente del mail… Entonces decidí seguir trabajando en conseguir  “algo más”: algo más de tiempo de descanso, más tiempo con mi familia y amigos, en conocer “de verdad” a la gente, viajar con los 5 sentidos, cambiar mi forma de trabajar centrándome en las personas más que en los resultados y, sobre todo, decidí trabajar en mí y en mi bienestar. Ahí elegí ser feliz por encima de todo. Ser feliz y optimista cada día es mi elección y me la recuerdo cada día al despertar, a pesar de haber pasado por épocas muy duras (como todo el mundo) con un despido, con enfermedades graves de familiares, con rupturas amorosas, con dificultades para empezar un negocio, incertidumbre económica etc. he sido feliz todos y cada uno de los días desde que hice esa elección.

Y soy feliz porque cambié el orden de mis prioridades, haciendo que lo más importante fuese realmente lo más importante: mi familia, mi salud, mis amigos, estudiar lo que realmente quiero y cuando quiero, trabajar en mi propio negocio y enfocándome en poner mi conocimiento y experiencia a disposición de los demás.

Y sonrío, sonrío mucho y a todas horas, y a todo el mundo con quien me cruzo. La sonrisa es contagiosa.

Y las palabras curan, por eso cada día doy las gracias a todos aquellos con los que me relaciono, bien en persona, por teléfono o a través de la pantalla del ordenador. Gracias por tu tiempo, gracias por tu respuesta, gracias por devolverme la llamada, gracias por leerme, gracias por estar ahí, gracias por ser mi cliente, gracias por confiar en mí para formar a tu equipo, gracias por hacer un café tan rico, gracias por tu amabilidad. Muchos se sorprenden ¡no estamos acostumbrados a que nos estén agradecidos por aquello que hacemos! También procuro hacerles un reconocimiento a su amabilidad, a su predisposición, a su elocuencia… ¡muchos me miran como si estuviera loca! y sonríen, y yo sé que seguirán sonriendo el resto del día y contagiaran a otros.

Hemos oído tantas veces que la felicidad está en los pequeños detalles que nos olvidamos de disfrutarlos, los obviamos. Dejemos de hacerlo, busquemos más y disfrutémoslo: más cafés con amigos, más comidas en familia, más paseos, más atardeceres, más libros, más conversaciones de verdad, más mirarnos a los ojos, más abrazos, más sonrisas, más reconocimientos, más agradecimientos.

¿Tú eres ya feliz? ¿O sigues esperando algo más en tu vida para permitirte serlo?